La Poesía como Destino: espacio personal de la escritora mexicana Marisol Vera Guerra

29.1.18

Por mis ovarios


Acabo de ver un par de videos donde algunas académicas, que defienden la idea de que el lenguaje no es sexista, aluden a la expresión "por mis huevos" que tiene un peso semántico mayor que "por mis ovarios" ya que así está consensuado históricamente y por lo tanto es aquella y no esta la expresión que “debemos” usar si queremos darle énfasis a una frase, sin atinar a ver que ellas mismas están avalando el hecho de que la lengua adquiere un significado según se lo demos los hablantes. No tenemos por qué seguir circunscribiendo nuestro lenguaje, de manera irreflexiva, al peso que siempre se le ha dado como si no pudiéramos resignificarlo.
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POR MIS OVARIOS se construye el mundo, a través de sus senderos viaja la célula de la vida y el sonido del cosmos.


POR MIS OVARIOS entra la filigrana de luz que se hace laberinto; ahí se guardan los secretos de la biblioteca escrita en las hojas del Edén.

POR MIS OVARIOS me reconozco sabia y antigua como mi madre, como mi abuela, como toda mujer que danza sobre la tierra.

POR MIS OVARIOS soy maga, bruja, trapecista, lluvia, fiebre, aire, diosa, irreverente, verso, palabra, fuego y colibrí.

POR MIS OVARIOS fluye el brazo del Atlántico, eclosionan árboles frutales, corren el gato montés y la liebre hacia la montaña.

POR MIS OVARIOS cantan los placeres de los sabios, ruedan los murmullos de los necios, se escriben partituras eternas.

POR MIS OVARIOS lo digo, lo pienso, lo creo; me multiplico, renazco, te invento a ti y erijo la palabra.



27.1.18

Sobre la inconveniencia de tener lenguaje

Cierro la puerta de las palabras [luego pienso]. ¿Qué significa esta frase? Es trivial y no por ello menos absurda que cualquier sentencia docta. Sin duda las palabras tienen puertas. Pero yo sé que esta es una metáfora inútil y bastante manoseada. Cualquiera pudo haberla dicho. 

Miro por el vidrio que divide mi espacio del resto de la ciudad y encuentro que cualquier persona es capaz de cruzar la calle hacia este edificio, pero ninguna lo hace [¿lo eligen o son sus pies, en movimiento rectilíneo y uniforme, la confirmación de una vieja ley?] Nadie gira la perilla. Eso puedo verlo.

Sería mejor que las palabras tuviesen un letrero, algún tipo de advertencia antes de entrar a ellas. ¿Con qué código se haría?

a) Una radiación holográfica.
b) Un espejo oblicuo.
c) Una punzada en el esófago.


Algo así que nos hiciera ver los entresijos bajo las tildes y el cuerpo de las letras; entre el fonema y su latido; un aviso que nos haga detenernos en ese filo, antes de cruzar el borde, de darle zoom a la imagen de nuestro propio derrumbe.



8.1.18

Córtale la garganta al tiempo

(y debajo de esa tierra está el poeta)

I

Se me olvida que a los funerales se traen flores. No pienso en nada al abrir la puerta, aunque puedo jurar que oigo su voz como en aquella ocasión, en el café Flamingo, en punto de las seis, seguramente eran las seis, ¿a qué otra hora ocurren los encuentros que han de taladrar la memoria quince o diecisiete años después? No andes pensando eso, me dijo, sobre mis ideas suicidas, curiosamente él me habló por primera vez acerca de Plath y de Pizarnik, algo de que por allí iba mi vena o que se las recordaba o que me gustarían. Lo que haya dicho, tenía razón. Yo estaba dialogando con el hombre de la fotografía. Eran poemas sobre gatos en mis manos, era la gata sobre el tejado caliente. La gata que seguiría corriendo como un fantasma entre los tejados de nuestro cráneo.

II

Por un instante tengo la sensación de que es sábado, uno de tantos en que Ana Elena nos recibe. Pienso que todos estaremos allí con ese humor ácido capaz de perforar paredes y huesos. ¿Hace cuántos años, Juan Jesús, que pasó aquello? Como habrías dicho tú, allá por dos mil nunca.

En la acera veo a Evaristo y venciendo el miedo que ahora siento, un miedo vago e impreciso hacia la gente, hacia mi propia fobia, le abrazo y digo algo que, bien sé, no sirve para nada; uno no debería decir nada ante la muerte. Uno debería permanecer callado mordiéndose la lengua hasta que esta se divida, viperina, infinita, torpe. Veo también a su hermano. Digo algo todavía más inservible. Y me callo porque ya no conozco a nadie. (Ni a mí).

III

No hay argonautas en este océano, no sé cuál es la dirección de cada paso (que doy), he perdido la dimensión enfrente-atrás-arriba, cada movimiento ahora es Descenso, abajo, más hondo, abajo, oscuro, abajo.
¿Está bien llorar? 
¿En qué silla o andén se sientan los que no tienen rostro? 
¿Está bien asomarme al féretro? 
Pienso en mi abuela y en sus brazos rígidos, el velo helado de su piel, sus ojos en blanco y el sonido de la boca que se va extinguiendo igual que una flama. ¿Será que con cada nueva muerte volvemos a vivir todas las muertes anteriores?, ¿será que el espacio en que la muerte ocurre es uno mismo, fuera de la ilusión del tiempo? Acaso el tiempo sea esa silueta fantasmal que se esfuma en la pantalla de un televisor de bulbos.

IV

Veraguerra, giro la cabeza y veo a Gastón. Me aferro a él como a una nave que ha de llevarme a un lugar donde no hay memoria. A veces la memoria es un oficio inútil. Veo también a su esposa, la saludo con una especie de pena, no sé. Este contacto me hace sentir de nueva cuenta humana. He comenzado a escribir estas líneas, quizá surja un poema, sería lo más digno; las musas se están vengando por tantas veces que me he burlado del mito de la hoja en blanco.

V

La tierra no tiene olor. La tierra a la que tantas veces he cantado está reducida a una mancha que se extiende sobre el concreto, igual que un animal antiguo y raro. La sombra de la tierra es este animal inmóvil. Ni siquiera es negro. Hace apenas unos minutos Gastón hablaba de la imprenta y su olor a tinta, de esa sensación ante un libro a punto de nacer. De su travesía en las cantinas con Juan Jesús y el padre Salas. De Yapur, que tiene cuatro años muerto, y aquella vez que destruyó su propio mural. Era muy arrebatado. Yo me asomo por las rendijas de esos recuerdos que no me pertenecen, que nada dicen de mí y (sin embargo).

Mañana estaré diciéndole a Daniel que me he vuelto más nihilista con los años, que a veces el amor es tan intenso que parece un rencor, que la balanza en el umbral de la noche se inclina a favor del apego, de lo poético, lo vivido para bien (Ibídem clama el aprendiz). ¿Dónde estaremos en quince años más? Eso no importa. (Todavía). 
(Tal vez nunca).

La tierra sin olor cae sobre la caja cerrada del tiempo. Y debajo de esa tierra está el poeta. Y adentro del poeta las palabras sus laberintos quiero morir escribiendo: dijo cierta noche soterrada / qué forma tan jodona de morir / escribiendo / hasta el último momento / así sea.

VI

Sobre la arena del mar sin fondo, donde Percy B. Selley vio que los años eran olas, vino la bestia de seis cabezas que luego fueron degolladas. No hubo un héroe que cortara los cuellos. La criatura se inmoló a sí misma como es natural en los animales fantásticos que no son ni cormoranes ni cancerberos. 

Hace una década que no andaba sola por el puerto. Y veo las huellas de la extinta bestia. (La referencia es solo para iniciados). Tú lo sabías. ¡Joder! Quiero decir una maldición, pero me contengo. No es como en aquel invierno aunque las calles me engañen, me seduzcan a guisa de sirenas, me quieran convencer de que está amaneciendo cuando es ocaso. 

Brindo por ti, Poeta, por tus abrazos, tus sonetos, tus signos de interrogación, tu feracidad, tu trópico de cáncer o de capricornio, tu séptimo texto, tu trova, tus botines viajeros, tu flor del obelisco al estilo rulfiano, canto y asombro. Brindo por ti y rompo la copa en mi muñeca.

Lo lamento. (He usado las mismas metáforas tantas veces que ya no tengo lenguaje).
Frente a la mesa donde he comido alguien me bendice.

19.10.17

Al lector de La tierra de nadie

La tierra de nadie, Galaxia Guerrero, Marginalia, 2017

No nos dejes sin tus poemas me dijo la poeta. ¿Sabes qué se siente que una poeta te pida poemas? Es como escuchar a la tierra pidiéndote semillas, una de esas singularidades cuasi imposibles de definir. Pero así somos a veces quienes amamos la poesía, un poco absurdos y hambrientos. Y si somos mujeres, peor, acuérdate de aquel humanista del siglo XVI: “la locura es mujer”. Yo creo que le faltó al buen Erasmo, como a muchos les sigue faltando, entender que las mujeres no somos seres del todo terrenales. ¿Acaso es locura tener alado el pensamiento?, o será que, igual que en los tiempos de Poe, “todavía no se ha resuelto la cuestión de si la locura es o no la forma más elevada de la inteligencia”.

Tengo un libro en mis manos, o más bien, tengo un libro en mis ojos que es de Galaxia y ella me ha dicho que los ojos pueden cerrarse como ataúdes. Antes de sumergirme en la pulpa de cada poema saboreo la cáscara que envuelve las letras. Despiertan la gula y debo decir que algunos títulos por sí mismos ya cuentan algo, como “Mentiría si te dijera que nadie puso un clavo en tu silla”, un poema por donde me encontraré al niño poeta injuriando a la Belleza, renombrando el color de las vocales, ¡ah!, qué falta hace renombrar el mundo ahora! Un poco antes he visto que “La poesía es como los piojos”, porque “te chupa la sangre y da comezón. / Tener piojos puede ser vergonzoso,/ pero tener poesía y piojos / es estar doblemente maldito”, lo cual me recuerda a otra poeta admirada y querida, que firma como ggg: “para aquellos cuya vida / es una sucesión / de desdichas sin término / los piojos constituyen la única posibilidad / de una caricia redentora / (lástima que sea el piojo / quien pague con su vida / el costo de esa redención)”. ¿Será, pues, que la poesía nos redime con sus múltiples caricias ora afectuosas, ora repulsivas? ¿Y es el poeta un ser desdichado?

(A veces tengo la sospecha de que este siglo está inundado de poetas felices.)

La desdicha sí, sí se encuentra en estas páginas, pero no las gobierna, antes va entre los versos de Galaxia Guerrero, un tanto ebria, con lodo en las pestañas y los pies rotos; entra a los bares veracruzanos acompañada de algún demonio o de algún mesías en 3D, se sube a los camiones y duerme con hombres que acaso fueron niños alguna vez. ¡Todos parecen reconocer su rostro, mas nadie se atreve a llamarla! Ella, la poeta, ha recogido sus pasos, los ha envuelto en humo de tabaco y nos ha dado a ti y a mí, una visión. ¿Te das cuenta? No sé tú, yo no puedo leer este libro sin pensar en Blake, en esa imprenta infernal donde el arriba y el abajo confluyen y todas las dimensiones juntas forman la palabra, el signo. Entonces la poeta se sienta dentro de un cuadro postimpresionista, hipnotizada por la noche, pero una noche ocurrida en la mente de un hombre, el “loco rojo”, más de un siglo atrás: “hace tiempo que sólo hace eso, / porque sólo sabe hacer eso, / sentarse en la silla a esperar un poema / mientras la vida cae de rodillas rompiéndose los huesos”.

Al igual que tú y que Galaxia, a menudo no sé muy bien de qué manera definirme, tal vez por eso leemos poesía, porque andamos buscando algo que nos restituya el nombre, que nos devuelva lo que no sabemos explicar, como si en algún lejano entendimiento nos hubiese pertenecido. ¿Quién podría decírmelo?, solo atino a repetir con la autora de este libro: “Mujer soy de pensamiento con alas”.


17.10.17

Minos

a punto
veo dormir a mis hijos
pequeños guisantes blancos      envueltos por la calma
cíclica
matemáticamente
ensamblados al continente del cuerpo
                                                      roja bocanada de aire     
Haku
que me rasgó un paisaje (su horizonte de pájaros azules)
Morgana
que sólo tiene un mes     no necesitas más quiero decirle
para qué
               estamos bien así
               tú     recién salida de la fragua
               yo con mi cabeza intacta
quién diría que mis manos desmenuzarían estrellas
     en la nieve    
pero aquí no hay nieve
apenas un collar de hueso    
la sonrisa eterna y deliciosa de los desposeídos
que infaman la calle con sus amores
      los chanates se pasean por mi jardín    
      reyes de un país donde los cuervos han enmudecido
      no logro entender su lenguaje
      algo sobre mujeres y decapitaciones:
                         todas unas putas
bajo las rocas arde
la risa solemne de los escarabajos
                                         –antes una flor blanquísima
                                           se deshojó entre mis labios–
ahora
voy perdiendo el ansia de volar
detesto mi reflejo
                        inútil geometría en un pozo de mercurio
pronto las ondas tomarán su curso
y mis niños seguirán sonriendo      
cosidos a la esperanza     
jalo hacia mi pecho el hilo de su alma
como Ariaghne
              pobre        pobrecilla                
              aguardando al amante
              que vendrá con sangre de toro en los puños                   
¡tantos siglos!
y las mujeres seguimos quedándonos dormidas a la orilla del océano




de Gasterópodo (El Humo, 2014)

14.8.17

Teoría del origen según Haku

Creo que el universo se autodestruyó al pasar el primer segundo
me dice mi hijo de nueve años
(su cuerpo 
hace un arco perfecto
sobre lo ancho de la cama)
y la siguiente vez habían transcurrido dos
así ha sido desde entonces
cada vez dura un segundo más
hasta que han llegado a juntarse
miles de millones de años
siempre que el universo vuelve a crearse
también se crea cada uno de nuestros átomos

Entonces
(le interrumpo)
este podría ser nuestro último segundo

Además pienso
(ahora el medio círculo
se ha vuelto una raya oblicua)
que el universo parte de una línea que luego se divide en tres
y cada una de esas líneas también se divide en tres
y estas
y las que siguen
en cada división varía un solo átomo
después de millones de variaciones
tenemos una realidad completamente distinta
aunque todo viene de la misma raíz

¿Y cuál es esa raíz?

Oh, podría ser el Vacío, la Nada.

¿Y cómo es que la Nada se volvió algo de pronto?

Quizá la Nada en realidad no existe.
Mira, así es como me la imagino
(en la pantalla blanca de su computadora
la letra EME tiembla con el cursor pasándose de un lado a otro)

Haku, tal vez estás destinado a hacer
un gran descubrimiento.

¡Pamplinas!, el destino no existe.



9.8.17

Iba a ser psicoanalista pero mejor seré física nuclear

Tengo la mala costumbre 
de alterar siempre las teorías
de no respetar a ningún sabio
de no tener más figuras de autoridad que los súcubos
que me alimentan en sueños
a veces me da por 
decirle al médico austriaco: sabes
creo que tú le tienes envidia al coño
complejo de elongación
pero te perdono
porque eres tan adicto como yo 
aunque nuestras obsesiones sean distintas
si se me mete en la cabeza
la idea de que no hay partículas elementales
o de que el Big Crunch ya sucedió hace tiempo
aunque el tiempo
sea una construcción (¿cómo se dice
ahora?, ideológica)
nadie me moverá de allí
a menos que venga 
con su universo portátil
y lo haga estallar sobre mi mano
en el fondo 
el Ello 
se parece al hidrógeno primordial
y la memoria 
a un gran abismo 
¿o qué?
¿no es cada ser humano
una estrella en colisión?